Mi vida siempre ha sido muy tranquila. Desde pequeña sentí cierta atracción por las mujeres, lo atribuía a que teniendo puros hermanos pues esa fijación con el sexo femenino era por la falta de una hermana o algo así.
En mi historia estudiantil hay más amigas que amigos (sobretodo en la secundaria porque la cursé en una escuela de pura niña), en la prepa ya como que se "mixeo" el asunto, entrando a la universidad fue punto de partida para una etapa llena de lenchez.
La noté desde un principio, era callada en clase pero muy sociable con la mayoría del grupo; me dejaba toda estúpida con tan solo decirme "Hola". Yo por supuesto no le demostraba nada más que mi cortesía al contestarle.
Comenzamos a platicar en una fiesta que se organizó para festejar el fin de los exámenes del primer parcial. Me platicó de su novio (mmmm), de su familia, de su historia, en fin; de ahí comenzamos a platicar más en la escuela, de ser nadie pasé a ser su confidente, su amiga incondicional, su paño de lágrimas, quien le ayudaba a las tareas de la escuela.
Yo estaba feliz, porque esa mujer que me fascinaba, me encantaba, me parecía la mujer más deseable, bella y tierna de todo el planeta era MI amiga. "¡¿QUE ESTOY PENSANDO?!, esto no está bien, como voy a sentir algo más que amistad por una mujer, ¿que me pasa?, ¿estoy enferma?".
Una noche de diciembre fue el día perfecto para invitarla a quedarse a dormir en mi casa. Todo normal, cero maldad ni nada que se le pareciera. Nos acostamos y como ninguna tenía sueño comenzamos a jugar cosquillas (ella súper sensible a las cosquillas y yo soy adicta a hacerlas), nos reimos un rato, platicamos de tonterías y nos dormimos. Al otro día me desperté antes que ella, me acomodé para mirarla detenidamente como dormía y no lo podía creer, era como un sueño hecho realidad, la mujer más perfecta en el mundo estaba junto a mí, en mi cama, era la situación más cercana a la perfección que podría haber vivido. Pero lo increíble para mí estaba por suceder...